Noviembre 2009

RECUPERAR EL TRABAJO, RECUPERAR LA DIGNIDAD

Tres años atrás se encontraban en la Villa 31 y Villa 31 bis, una de las más pobladas de la Ciudad de Buenos Aires, al menos 470 personas que se dedicaban a la recolección de basura.  Más de 120 eran niños, niñas y adolescentes; el 50 por ciento de las familias eran migrantes internos y un 10 por ciento externos. Muchos de ellos llegaron desde países limítrofes en busca de un destino mejor pero se encontraron con una realidad muy diferente a la que habían imaginado y, en muchos casos, terminaron junto a sus hijos recogiendo basura en las calles para su posterior reciclaje.  Sin documentos, sin trabajo, con familias numerosas muchas veces, y la necesidad impostergable de alimentarse, el único camino que encontraron fue sacar provecho de aquello que para muchos no es más que desperdicio.

A fines del 2005 nació el Proyecto Recuperar, creado por la OIM con el fin de contribuir a prevenir y erradicar el trabajo infantil en las familias migrantes que se dedicaban a la recuperación y reciclaje de residuos. 

Para cumplir el objetivo, el programa se estructuró sobre tres ejes de trabajo: otorgamiento de créditos solidarios a padres y / o madres para desarrollar proyectos con el fin de mejorar así los ingresos familiares sin que los niños deban trabajar; jornadas taller para sensibilizar a las familias sobre los derechos del niño y la niña a no trabajar, a recibir educación y al cuidado de su salud; y asistencia para las gestiones de regularización migratoria.

María Angélica Banzer, vende sus productos de repostería - Natalia Calla, realiza costura industrial
Cecilia Félix, prepara y vende comida peruana.

Tras el éxito de la primera etapa, en la que se asistió a 40 familias, en el 2009 se inició un segundo período del proyecto en el que se otorgaron micro créditos a otros 60 grupos.  De los 230 integrantes de estas familias, 170 son menores de 18 años y el 97 por ciento asiste actualmente a la escuela.

"A veces me duele en el alma haber hecho trabajar a mi hija, revisar la basura, juntar las latas.  Pero con este micro emprendimiento aprendí mucho a valorar a mis hijas; muchísimo" dice, con los ojos a punto de desbordar de lágrimas, María Angélica Banzer.

Banzer, de 39 años, casada y con dos hijas de ocho y siete años, nació en Santa Cruz, Bolivia, y llegó a la Argentina en 1999.  Gracias al proyecto Recuperar hoy tiene un pequeño emprendimiento de repostería.  "Cuando vine acá fue con la idea de poder crecer y de ser alguien en la vida.  De poder trabajar e irme con un capital para poner un negocio en mi país.  Pero las cosas no resultaron.  Fue muy triste porque conocí la esclavitud, reconocí que mis propios paisanos me esclavizaron", explica María Angélica.

En el 2001, debido a la crisis económica que se vivió en Argentina, María Angélica y su esposo decidieron retornar a Bolivia.  Nuevamente en su país, estudió y logró trabajar de maestra jardinera, pero su marido decidió volver a la Argentina para estudiar periodismo.  Una vez de regreso en Buenos Aires, cuenta que: "estaba sin trabajo, solamente teníamos lo del bolsillo de mi marido.  A veces yo me iba a cartonear, con mi marido y mis hijas, a recoger latitas de cerveza y juntábamos muchas y las vendíamos a cuatro pesos el kilo.  Juntaba como tres bolsas de latitas, y por la bolsa me pagaban 60 pesos.  Salíamos por toda la ciudad.  De ahí empecé a juntar cartón y también vendía".

Los niños y las niñas que realizan actividades vinculadas con la basura, no sólo sufren la estigmatización por su situación de trabajo infantil.  La recolección de residuos atenta contra el bienestar físico-psíquico, ocasionando accidentes, cortes, enfermedades recurrentes en la piel, infecciones, abusos e, incluso, riesgo de muerte.

"Aprendí mucho con el proyecto Recuperar.  Aprendí que los chicos tienen derecho a todo, que tienen que tener su espacio.  Aprendí que no puedo exigirle tanto a una criatura.  Que la responsable y la que tiene toda la fuerza soy yo", dice Cecilia Félix, otra de las beneficiarias del proyecto implementado por la OIM.

Cecilia nació en Lima, Perú.  Si bien la vida en su país "no era tan difícil", según cuenta, decidió venir a la Argentina para ganar más dinero.  Su hermano que ya vivía en Buenos Aires la convenció.  Su pequeña hija se quedó con la abuela.  "Yo sí o sí tenía que llegar acá y ponerme a trabajar para mandar plata. En un mes y medio no conseguí nada y me anoté desesperada en una agencia porque si yo no mandaba dinero, mi familia no comía", recuerda Cecilia, que hoy en día prepara y vende comida peruana gracias al apoyo de la OIM.

Finalmente consiguió trabajo como personal de limpieza en una casa.   Ya con su marido y cuatro hijos en Buenos Aires, y sin lugar para vivir, porque en ningún hotel los aceptaban con tantos niños, "nos vinimos a la villa", cuenta Cecilia.  "Cuando decayó todo en Argentina y el trabajo empezó a escasear me dediqué a vender en las ferias.  A veces íbamos con los chicos y otras los dejábamos encerrados.  Como veíamos que la gente juntaba cartones, nosotros también empezamos a hacerlo.  Cualquier cosa que encontraba en la calle, mi marido se lo traía y después lo llevábamos a vender.  Y los chicos también, cuando venían de la escuela venían con su pila de cartones bajo el brazo.  Siempre juntábamos poco a poco y algo sacábamos", continua Cecilia.

Nacida en Tupiza, Bolivia, hace 25 años, Natalia Calla llegó a la Argentina en el 2006 con el sueño de crecer profesionalmente.  "Soy Técnica Superior en Bellas Artes.  Me dedicaba al arte en mi pueblo.  Hacía pintura, dibujos, tanto en la vestimenta como en la tradición artesanal de mi país.  Vine porque quería sobresalir como artista plástica".

"En Bolivia trabajaba como profesora y me destacaba bien.  Al llegar acá comencé a reciclar basura, que toda la gente lo hace; sentí vergüenza pero sabía que era mi único recurso para ganar algo más", explica Natalia.

Además de otorgarle el micro crédito que le permitió acceder a una máquina de costura industrial, a través del Recuperar inició los trámites de regularización migratoria.

Recuperar ha brindado asistencia al 100 por ciento de los beneficiarios que eran migrantes para que puedan realizar sus trámites de regularización migratoria y conseguir el Documento Nacional de Identidad a aquellos que ya tenían la residencia temporal o permanente.

"Al tener los papeles me voy a sentir con un poco más de derechos, yo creo, porque al no tener los documentos me sentía que no soy partícipe de ningún derecho en este país", dice María Angélica.

María Angélica cuenta, con una sonrisa en el rostro, que "antes también era medio tímida.  Pero los talleres realizados por la OIM le han dado el apoyo necesario para sentirse más segura.  "Ahora tengo muchos amigos, me gusta compartir y quiero seguir así.  Me encanta y agradezco por todo lo que nos ayudan".

La OIM aportó el financiamiento en la primera etapa del proyecto, y actualmente cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través del Fondo Japonés, de la Cooperación Andina de Fomento de Venezuela y de la Fundación Peery.

El equipo Recuperar en plena tarea.


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